La Geopolítica Desafía a Alemania

Angela Merkel sueña con unos Estados Unidos de Europa en su tercer mandato

Después de las últimas elecciones generales de septiembre, la política externa alemana continuará siendo continuista, es decir, una política exterior orientada a la resolución de conflictos, fortalecimiento de las instituciones multilaterales y el derecho internacional, etc. Si bien es cierto que bajo diferentes signos políticos Alemania ha priorizado líneas exteriores basadas en el “interés nacional primero”, por ejemplo, cuando dijo no a la intervención en Irak o cuando se abstuvo de votar la resolución del Consejo de Seguridad que autorizó la intervención en Libia, nada indica por ahora que Alemania vaya a cuestionar su pertenencia al espacio atlanto-occidental y marche hacia la autonomía y la “diversidad geopolítica”.

Puerta-de-Brandenburgo

 No obstante, surgen interrogantes en relación con las reales posibilidades de sostenimiento del propósito que mantiene Alemania como “potencia civil de base económica”, esto es, portadora de “la misión” de civilizar las relaciones internacionales (o más apropiadamente interestatales) por medio del amparo y promoción del derecho internacional.
 En tal caso, estaríamos ante un nuevo paradigma internacional, pues la experiencia no registra semejante estatus que, básicamente, implicaría un importante despliegue de habilidades no militares. Una vez más, se estarían consagrando esfuerzos en dirección de un objetivo sin considerar hipótesis de fracaso.
Cómo se compatibilizará ese afán internacional con un mundo que no solo no da señales de ir en esa dirección, sino, por el contrario, en mantener patrones de reafirmación y autoayuda nacional, es decir, las constantes que siempre restringieron y condicionaron el “modelo institucional” o “normativo”.
En otros términos, Alemania pretende que las relaciones entre Estados sean relaciones de derecho por sobre relaciones de poder, y para ello recurre a sus condiciones de “soft power”, es decir, despliegue de estrategias civiles.
Acaso el ejemplo más concluyente de las restricciones a esa loable ambición internacional es lo que sucede en Europa centro oriental, su tradicional espacio de influencia y proyección.
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 Allí el “pluralismo geopolítico”, es decir, el respeto de los intereses territoriales de los Estados ha sido y es una ficción: más allá de las discusiones sobre la responsabilidad de la crisis actual, tanto la OTAN como Rusia han procedido de acuerdo a la defensa y promoción de sus intereses, no del derecho. La OTAN a través de una estrategia de prevención geopolítica y acumulación militar destinada a acotar un eventual nuevo desafío ruso a la supremacía occidental; Rusia a través la guerra (en Georgia) y el desmembramiento territorial (en Ucrania).

Otro interrogante que posiblemente exigirá definiciones a Alemania es la futura reconfiguración geopolítica y geoeconómica del globo.

 La “imagen” de un dinámico espacio euroasiático impulsado sobre todo por las necesidades estratégicas de China es uno de los seísmos internacionales que tendrá lugar en las próximas décadas. Ello exigirá que muchos países ajusten y aprovechen su ubicación, siendo Alemania uno de los actores sobre los que pivoteará ese mega-espacio de complementación.
En efecto, desde su ubicación centroeuropea Alemania sería el puente entre Asia, Rusia y Europa. Pero este escenario exigirá de Berlín una diplomacia que no afecte demasiado el anclaje a Occidente ni despierte temores en otros actores ante lo que se podría percibir como una “nueva vía alemana”.
 Santiago de Chile, 13-10-2017
Equipo Podergeopolitico.com
Fuente: El Espía Digital
Imágenes: Reuters,Dw.